El dinero y la felicidad

Desde la muy remota antigüedad el hombre ha encontrado en el dinero una forma para satisfacer sus deseos y necesidad de poder. El dinero es una herramienta clave para la economía y constituye la base de nuestra forma de vida actual.   Así, usamos nuestro intelecto en busca de inversiones, creamos todo tipo de empresas o vendemos nuestro trabajo para obtenerlo. El dinero ganado sirve para proveernos de los bienes o servicios que deseamos o estimamos necesarios para vivir  Mucho se ha escrito sobre el mismo. Su importancia y protagonismo se refleja en la multitud de disciplinas que lo han convertido en objeto de estudio.

La sociedad de consumo de la que disfrutamos ha traído consigo sus propios valores y modelos. Músicos y cantantes, empresarios y deportistas con sus flamantes coches y mansiones son el estereotipo de persona exitosa. Tener fama y dinero son sinónimos de felicidad para la sociedad de hoy.

¿Pero, realmente el dinero da la felicidad?

Según un estudio realizado por la universidad de Columbia Británica y publicada en la revista ‘Social Psychological and Personality Science’ la conclusión parece ser la siguiente: Superado un umbral razonable de bienestar material no se aprecian diferencias significativas que distinga entre las personas más ricas y las que ya han alcanzado dicho umbral.

Entonces, ¿qué puede ser lo que hace pensar que el dinero es el medio para alcanzar la felicidad? ¿No estaremos confundiendo la satisfacción de los deseos materiales con felicidad? Comprar, usar y tirar se ha convertido en la clave del crecimiento económico actual. Los productos que compramos están diseñados desde su concepción para ser usados durante un determinado tiempo. Se ha pasado del producto para usar toda la vida a un producto que apenas podemos utilizar unos pocos años, meses o incluso que son para usar y tirar. Los materiales cada vez son más frágiles y endebles,  la moda nos convence para cambiar de ropa en cada temporada y la tecnología se queda obsoleta en apenas uno o dos años.

Por otro lado, todos los días surgen multitud de nuevos productos que tratan de satisfacer a un consumidor cada vez mas sofisticado y exigente. La publicidad es la encargada de convencernos para que compremos un producto y no escatima las formas para tratar de seducirnos y despertar nuestro deseo de consumir. Como consumidores descubrirmos que por cada deseo satisfecho surge otro nuevo para satisfacer. Comprar únicamente movidos por el deseo, sin tener en cuenta la necesidad real de lo que estamos comprando, nos imbuye en un ciclo interminable de consumo donde nuestras esperanzas y deseos de felicidad se confunden con el placer efímero de adquirir un nuevo producto. Alcanzado el producto deseado debemos cubrir nuestro vacío con otro producto. Este proceso forma parte de una cadena que nos lleva a consumir indefinidamente y sin descanso. Esta loca fiebre por consumir llega a todos los extractos sociales, quién no tiene dinero puede pedir un prestamo.

Gastamos impulsivamente  y sin control. Nos llenamos de deudas que teminan asfixiando nuestro presupuesto. Éstas nos restan libertad y empañan nuestro tiempo personal. Las deudas no productivas que simplemente creamos para consumir nos terminan obligando a buscar formas alternativas de ganar dinero que casi siempre se traducen en menos tiempo para nosotros y nuestros seres queridos. No deberíamos caer en la tentación de endeudarnos por acciones irreflexivas. Ajustar los gastos por debajo de los ingresos que disponemos, es un hábito que nos puede ayudar a alcanzar la felicidad. Que mucho dinero no haga la felicidad, no significa, que podamos prescindir del mismo para vivir.

Ser felices en el ahora es mucho más sencillo cuando no tenemos preocupaciones materiales. La pobreza es una forma de vulnerabilidad que nos obliga a aceptar trabajos que no nos gusta y no dejan indefensos para la vida.

Cuando nos endeudamos sólo por consumir estamos abriendo la puerta a la pobreza, una puerta que si se abre puede ser muy difícil de cerrar.

Tener más dinero ahora tiene un coste en intereses elevado que, a no ser que seamos capaces de generar nuevos ingresos o cambiemos nuestro patrón de consumo, se va  a traducir en menos dinero disponible en el futuro.

La felicidad como bien expondría Erich Fromm, en su libro: “Del tener al ser”, no proviene de llenarnos de multitud de objetos materiales si no de tener la posibilidad de ser y realizarnos como personas.  Renunciar a un gasto consumista desenfrenado donde la emoción se impone sobre el control, puede hacernos más libres y dueños de nuestro destino, y eso sí, eso sí es FELICIDAD.

En la actualidad resido en Montevideo (Uruguay), veo con preocupación como muchas personas se endeudan por gastos de consumo, y luego, les es terriblemente costoso pagar las cuentas y llegar a fin de mes. Los préstamos se anuncian a toda hora en medios de comunicación. La publicidad nos hace desear vacaciones, un auto mejor, una casa con jardín, y así un sinfín de etcéteras imposibles de enumerar.

El problema viene cuando las deudas contraídas son tan elevadas que nos terminan preocupando, afectando la adquisición de bienes básicos como comer e impiden ese bienestar razonable que comentamos al principio de ese texto. Entonces descubrimos que las preocupaciones generadas por las deudas irreflexivas están robando nuestra felicidad.

Escrito por: Alejandro Negueruela Azarola para refexiones y cuentos para una vida feliz.

Artículos y videos complementarios del texto:

Video: Obsolescencia programada

Investigación: Ingreso y felicidad. Universidad de Columbia Británica y publicada en la revista ‘Social Psychological and Personality Science’

 Libro: Erich From del tener al ser

La gente infeliz compra compulsivamente

Historia de una ganador de loreria que acabó de basurero

Trece ganadores que les tocó la lotería y arruinaron sus vidas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *