El Reino de la Justicia

8 de noviembre del 2018, la reflexión y cuento de hoy es un tanto especial, surge de una situación real y muy delicada que sufre mi amiga Paloma. Cuando tenía 23 años recibió una herencia que a los dos años de ser recibida perdió la bonificación del 95% y se convirtió para ella y su familia en una condena economica de por vida que en la actualidad asciende a 1200000 euros (600000 euros de principal y 600000 de intereses). Paloma, está casada desempleada y con un niño pequeño de poco mas de dos años. La pregunta es: ¿Tiene sentido para esta familia este impuesto? ¿Qué hace el Estado para solucionar casos como el que nos ocupa? En mi opinión, es necesario hacer una interpretación benigna de la ley y generar actuaciones de las administraciones públicas que protejan estas situaciones de vulnerabilidad. El pasado 30 de octubre de 2018 se rechazó en el congreso la supresión del Impuesto de Sucesiones.   Si  este y otros impuestos van a seguir existiendo el Estado debería intervenir y corregir los perjuicios causados a los casos particulares donde el ciudadano  ha salido  tremendamente perjudicado, ya sea anulando o bonificando el impuesto a pagar.

Esperando que os guste y os haga reflexionar os dejo con el siguiente cuento.

El reino de la Justicia

Las gotas de lluvia golpeteaban las ventanas de la casa de Guillermo, los primeros fríos de un otoño que busca retener el verano pero que poco a poco va cediendo su paso al invierno hacían acto de presencia aquel puente de todos los santos de noviembre del 2018. En el interior de la vivienda, ajenos al agua y viento exterior, se encontraban el “abuelo Guille” con sus cuatro nietos. Era costumbre desde hace un par de años, que Guille, sirviera de canguro de sus nietos, cada vez que Juan y Ana, sus hijos, lo necesitaban. Guille, tenía una gran facilidad para la oratoria, y cada vez que cuidaba a sus nietos, les contaba todo tipo de historias que llenaban de luz y color el tiempo que pasaban juntos.

Como era tradición en sus encuentros “el abuelo Guille”, improvisaba los cuentos con las inquietudes de sus distintos nietos. En esta ocasión correspondía a su nieto Jaime proponer el tema del cuento. Jaime, que ya tenía 12 años, era su nieto mayor, un niño sensible y muy despierto a las necesidades ajenas. Jaime, había visto un reportaje acerca del impuesto de sucesiones apenas unos días atrás, en él se podía ver una pareja muy pobre con un bebe de apenas unos meses en los brazos de la madre, la pareja resultó residir en un pueblecito pequeño del norte de Palencia. El caso es que dicha pareja había tenido que rechazar una herencia nada despreciable por la imposibilidad de pagar la cuantía que estipulaba el impuesto de sucesiones. Jaime no podía entender, como la ley en estos casos estaba por encima del sentido común y no se primaba el bien de las personas a la recaudación del impuesto.

Guille, tras unos minutos de silencio comenzó la historia:

Justicia, rey de todo lo conocido vivió por muchos años ocupándose de todos los asuntos del reino, todo funcionaba a la perfección y cada uno de los súbditos tenía lo suficiente para alimentar a los suyos. Las familias eran cada vez más numerosas y el gobierno del reino se hacía cada vez más complicado. Un buen día, viendo que sus hijas iban haciéndose mayores, Justicia fue considerando la posibilidad de retirarse y dejar la administración del territorio a sus hijas: Economía y Humanidad, para ello tendrían que buscar, cada una, un consejero real, que junto con ellas gobernasen el reino.

Economía fue mucho más rápida en preparar todo para su viaje que su hermana menor, al despuntar el alba, ya estaba partiendo de palacio rumbo a las tierras del Este. Su despedida fue una carta escrita la noche anterior donde agradecía a su padre el honor de dirigir el reino.

Humanidad se levantó muy temprano también, pero a diferencia de su hermana, quiso primero despedirse  y contar la noticia al panadero real que ya estaba levantado, después a las doncellas que le había ayudado en su educación, al rato se acordó de la hilandera, así fue visitando a todos y cada uno de los habitantes de Palacio. No le faltó absolutamente nadie, para terminar, se encontró con los reyes, tras un largo abrazo a sus padres y algunas lágrimas de emoción por la empresa que se le había encomendado partió hacia las tierras del oeste.

Las tierras del este, eran regiones prosperas llenas de palacios, tierras fértiles y mucho oro. Economía fue visitando infinidad de reinos, cada nuevo territorio era más rico que el anterior. En su camino encontró muchos potenciales consejeros que entre los que se podían contar: expertos, magos, adivinos, comerciantes. ¿Quién sería el elegido?

La búsqueda y elección se estaba tornando muy difícil. Un buen día cuando ya estaba pensando en elegir al azar entre los posibles candidatos a consejero, se encontró con un reino que le llamó por completo su atención. A lo lejos un palacio construido por entero de oro, jardines llenos de flores, brillantes en las paredes de las casas que centelleaban con el sol. Pronto se encontró ante los reyes de aquel fastuoso paraje. Le recibieron engalanados en ropa de seda y joyas, en sus cabezas portaban unas hermosas coronas. Allí a un lado de ellos, se encontraba un hombre con una elegante túnica y las manos llenas de oro, su nombre era Dinero. En cuanto se pudo entrevistar con Dinero vio lo mucho que tenían en común. Dinero, explicó muchos conceptos a economía que antes ni si quiera había oído nombrar: productividad, impuestos y plusvalía fueron sólo alguno de los múltiples conceptos que trataron.  Economía, al fin lo vio claro, Dinero, sería el consejero que le acompañaría y haría rico y próspero su reino. Dinero y Economía emprendieron juntos el regreso a Palacio.

Las tierras del oeste eran secas y áridas, pero sus gentes habían conseguido vivir a pesar de las duras condiciones y escasa riqueza del terreno. Humanidad fue visitando reino tras reino sin una respuesta clara de lo que quería de un consejero, confiaba en sentir la respuesta en su corazón. En el primer reino le gustó mucho conocer a Solidaridad, una sencilla dama que siempre estaba sin nada porque en cuanto tenía algo propio lo regalaba. En el segundo reino, conoció a Simpatía, una deliciosa compañía de la que le costó mucho separarse. Humanidad estaba hecha un lio cuanta más gente conocía en aquellas tierras más difícil se le hacía la elección.  Recientemente, había tenido el placer de conocer a Amabilidad con su siempre presente sonrisa. ¿Quién acaso no hubiera querido estar acompañado por alguien con tan agradable semblante? No paraba de conocer gente extraordinaria , pero, ¿quién de estas personas, podría ayudarle a hacer mejor su labor de gobierno? Cuando se estaba planteando estas cuestiones. A lo lejos en contraste con aquel paraje seco, alcanzó a avistar un sencillo Palacio, rodeado de tierras con frutos abundantes y personas aparentemente muy felices. Un hombre de mediana estatura se encontraba dando consejos por aquí y por allá. Era una persona con una actitud observadora y perseverante, había descubierto entre otras cosas, que aunque no lloviera mucho en un periodo, existían aguas subterráneas que mediante  pozos se podían usar para beber y regar los campos, que según la estación del año en que se encontraban unos frutos eran mas adecuados para ser plantados que otros y que si cambias de tipo de cultivo cada cierto tiempo mejoras la fertilidad de la tierra. Humanidad habló y escuchó a aquel hombre, con suma atención, todas su palabras estaban cargadas de verdad y de razón, su nombre era Sentido Común. A Humanidad le empezo a latir el corazón muy deprisa, ya tenía la respuesta: Sentido Común sería su consejero. Al día siguiente, juntos emprenderían el regreso a palacio, en su viaje de vuelta visitarían otra vez a sus recientes e increíbles nuevos amigos: Solidaridad, Simpatía y Amabilidad.

Cuando Humanidad y Sentido Común llegaron a Palacio quedaron atónitos con lo que vieron, había mendigos en las calles y el palacio estaba comenzando a revestirse de oro.

Dentro de Palacio, Economía y Dinero, se hallaban dando órdenes sin parar. Su último invento el IVA, un nuevo impuesto. Las reservas reales se habían agotado y se necesitaba más oro para acabar de revestir el palacio por completo de este material, había que recaudar más. Justicia estaba esperando con ansiedad el regreso de su hija pequeña. Tras un caluroso abrazo, expuso la necesidad que se pusiera a trabajar con su hermana mayor cuanto  antes, ésta no estaba dando abasto con todo lo que había que hacer en el reino. Además la gente había comenzado a pasar hambre, se habían cerrado muchos pequeños comercios a causa de los excesivos impuestos que se habían comenzado a aplicar.

Cuando Economía, Dinero, Humanidad y Sentido Común se pusieron a trabajar juntos algo mágico ocurrió en cada uno de nuestros protagonistas. La administración de Economía mejoro considerablemente, Dinero dejó de  necesitar más oro y bajó los impuestos, Sentido Común le había convencido que no era necesario revestir de oro el palacio ni demostrar por la apariencia lo rico que era el reino de cada uno. Humanidad, por su parte consiguió que el trabajo de Dinero y Economía ayudado por Sentido Común sirviera para construir un reino en que todos estuvieran mejor, especialmente los más pobres y vulnerables del reino su gran debilidad. El reino con el trabajo de nuestros cuatro protagonistas no tardó en prosperar y crecer como siempre había deseado Justicia.

Cuanta la leyenda que en algunas ocasiones tienen que ausentarse Humanidad y Sentido Común a ver a sus viejos amigos Solidaridad, Amabilidad y Simpatía. En esas ocasiones en el reino de Justicia todo está patas arriba, porque se olvida el Sentido común y la Humanidad.

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El abuelo Guille, miró a Jaime. Estaba seguro que lo entendería. Y así fue, con el tiempo su nieto Jaime sería creador de una plataforma regional que conseguiría abolir ese impuesto, en España, pero eso ya es otra historia.

FIN

Escrito por Alejandro Negueruela Azarola para Reflexiones y Cuentos para una Vida Feliz:)

 

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